El éxito no es obligatorio
Este post es más una llamada de atención para todos,
expresamente para los colaboradores que están transmitiendo una idea muy mala
en la revista digital. Cosas como: “ir a la universidad es
de pringados”, “si no eres ultra-millonario eres un fracasado”.
Muchos de los colaboradores adoran el éxito, la
auto-superación y se emocionan al leer escritos de éxito, por eso casi
todos los artículos que ahora escriben son de éxito, lo malo es que transmiten
una idea macabra, y yo mismo me doy la culpa porque seguramente he dado a
entender esta idea en mis textos. En mi libro Lucha por tus sueños dejo
bien claro:
Hay gente que no quiere éxito, que se conforma con su
vida y eso es totalmente respetuoso, mientras uno sea feliz lo
demás importa poco
Dejo algunas páginas explicando esto.
La gente con una vida normal se merece el mismo respeto
que alguien de éxito
La idea pésima y mala que veo que se está transmitiendo es:
“la gente normal es una pringada“. “No hacen falta estudios en la
vida para tener éxito”. A ver, esto es totalmente falso, ojalá yo
hubiera podido ir a la universidad. Pero en ese momento no pude porque
emocionalmente estaba destrozado y yo para ser productivo (tal como reza la pirámide
de Maslow) tengo que estar en mis mejores condiciones.
Pero eso no significa que yo ahora tenga que despreciar los
universitarios y la gente con carrera universitaria porque yo estoy teniendo
éxito sin universidad. Una carrera universitaria hubiera mejorado muy
posiblemente mi situación y ojalá hubiera podido estudiar una carrera.
No quiero nunca transmitir la filosofía de
que los que no tienen éxito son unos pringados. Yo escribo sobre éxito porque tener
éxito me hace feliz, lo que importa es la felicidad, no el éxito.
Es por esto que mi blog refleja mi búsqueda de la:
Felicidad. No solo escribo sobre éxito, sino sobre todo aquello que me
gusta, el éxito es una parte ínfima de la vida, pero no lo es todo.
Hay mucha gente que simplemente quiere llevar una
vida normal, ni más ni menos y no por ello tienen que ser unos pringados o
lanzar su vida por la borda. Es una decisión como cualquier otra.
¿A quién va dirigido el éxito?
Mis textos sobre éxito van dirigidos a los emprendedores,
los que sienten en el fondo de su corazón que van a llegar muy lejos en la
vida, los que están insatisfechos con su vida y quieren mejorarla… Para
todas estas personas va dirigido el éxito.
Pero a un padre de familia, que está feliz con
su vida, su familia y su trabajo no tiene porque arriesgarse
si no quiere. Es plenamente comprensible y respetable que una persona quiera
vivir su vida sin éxito, para él el éxito será estar con sus hijos y su
familia y para otra persona será tener la mejor empresa exportadora de
textiles del país.
Lo principal es la felicidad, todo lo demás son
simples detalles. Yo persigo el éxito y la auto-superación una y otra y
otra vez porque eso es lo que me hace feliz, no porque haya que tener éxito
por cojones. Imaginaros por un momento que todos quisiéramos tener lo mejor en
cuanto a trabajo. ¿Quién sería administrativo? ¿Recogería la fruta en el campo?
La sociedad se vendría abajo. Por lo tanto, quitaros
ya la idea de que tener un trabajo normal es de fracasado, o
conformarse con tener una familia también. Cada uno tiene el éxito a su manera
y mis textos van orientados para cualquier persona que quiera tener éxito de
algún modo, cada persona se encarga de aplicar el éxito a su manera.
Pero no por ello hay que desprestigiar una vida normal y
decir que por ello se es un fracasado o que no quiero estudiar una carrera
porque “x” persona no lo ha hecho y ha tenido muchísimo dinero. Las cosas no
son tan sencillas.
En fin, eso, que no os flipéis con el éxito y empecéis a
desprestigiar la gente que quiere llevar una vida completamente normal.
Para los que si os interesa el éxito os recomiendo mi nuevo
libro: Los 5 caminos del éxito.
Serás un triunfador…
Cuando el egoísmo no limite tu capacidad de amar.
Cuando confíes en ti mismo aunque todos duden de ti, y dejes
de preocuparte por el que dirán…
Cuando tus acciones sean tan concisas en duración como
largas en resultados.
Cuando puedas renunciar a la rutina sin que ello altere el
metabolismo de tu vida.
Cuando sepas distinguir la sonrisa de la burla, y prefieras
la eterna lucha que la compra de la falsa victoria.
Cuando el ser espontáneo te libre del método.
Cuando actúes por convicción y no por adulación.
Cuando puedas ser pobre sin perder tu riqueza y ser rico sin
perder tu humildad.
Cuando sepas perdonar, tan fácilmente como ahora te
disculpas.
Cuando puedas caminar junto al pobre sin olvidar que es un
hombre y junto al rico sin pensar que es un dios.
Cuando sepas enfrentarte a tus errores tan fácil y
positivamente como a tus aciertos.
Cuando halles satisfacción compartiendo tu riqueza.
Cuando sepas manejar tu libertad para pensar, hablar, leer,
escribir y hasta escuchar sin caer en los excesos.
Cuando sepas obsequiar tu silencio a quien no te pide
palabras, y tu ausencia a quien no te aprecia.
Cuando ya no debas sufrir para conocer la felicidad y no
seas ya capaz de cambiar tus sentimientos o tus metas, por el placer.
Cuando no trates de hallar las respuestas en las cosas que
te rodean, sino en tu propia persona.
Cuando aceptes los errores, cuando no pierdas la calma.
Entonces y solo entonces, serás ¡Un Triunfador!
SOBRE EL ÉXITO
Actualmente se habla mucho de éxito, todos lo buscan y todos
piensan que la plenitud de la vida pasa por alcanzarlo. Hay, sin embargo, en el
uso de esta palabra algo que se puede denominar la ley del flatus vocis: Cuando
una palabra empieza a cobrar fuerza y moda de tal manera que un número
cada vez mayor de personas la dicen, lo más probable es que la mayoría de esas
personas no sepan lo que dicen. Sucede con la palabra libertad, con la palabra
dignidad, con la palabra democracia y, también, con la palabra éxito. Es decir,
no es que estas palabras sean equívocas, sino que son vacías, han sido vaciadas
de su sentido.
Así pues, ¿qué estamos entendiendo por
éxito? Chesterton señaló que se puede tener éxito en lo que sea, con
la única condición de que se lo haya uno propuesto como objetivo: el suicida
tiene éxito en quitarse la vida, así como el ladrón puede realizar un robo
exitoso. Quizá los ejemplos puedan parecer algo descabellados, pero revelan la
esencia de lo que se oculta tras muchos discursos sobre el éxito: la pura
eficacia.
La acción exitosa es aquella cuyos resultados coinciden con
las intenciones que tenía el sujeto actuante, a mayor coincidencia, mayor
éxito. Así, se suele hablar de éxito rotundo cuando se da una coincidencia
perfecta entre los resultados y las intenciones (o cuando estos son superados
por aquellos). Cuando no se da esta coincidencia, cuando no se logra lo buscado
se suele hablar de fracaso.
El fracaso del éxito
La lógica de estos discursos del éxito estarían más o menos
así: hay que buscar el éxito (eficacia de la acción) y evitar el fracaso; y si
se cae en un fracaso, hay que aprender de ellos y corregir. Todo eso está bien
y es muy bonito y útil; sin embargo, a mi parecer entraña un problema: el éxito
tiene un cierto carácter de finalización, por eso todo éxito resulta engañoso
en la medida en que pretende colocar un punto final a una existencia que aún
continúa. A la larga, toda persona que se deje deslumbrar por el éxito, corre
el peligro, allende la alegría propia del éxito, de encontrarse en una
existencia sin rumbo, paralizada, en donde el tiempo transcurre como pérdida
precisamente porque se piensa que se ha concluido todo. Es el dormirse en los
laureles contra los que la sabiduría popular advierte.
Perder el tiempo, no aprovecharlo en el propio crecimiento,
no es un fracaso más, sino que es quizá el más grande de los fracasos, al que
San Agustín comparaba con el perecer, porque comportaba un cierto estado de
muerte: la inactividad que supone la paralización de toda actividad humana por
renuncia (pasotismo) y, por ende, la finalización por atrofia de la creatividad
y el crecimiento personal. Este es un fracaso del que no cabe aprender,
corregir y por ende continuar.
Se puede pensar que este fracaso por inacción se evita
iniciando una nueva acción, un nuevo proyecto después del éxito obtenido en el
anterior. Culminada la secundaria, uno puede dar inicio a estudios
universitarios o ingresar al ejército, o seguir una carrera técnica… Terminado
un negocio se puede iniciar otro. La vida se torna en una suma de proyectos: a
cada proyecto le sucede otro, pero no necesariamente le continúa, diluyéndose
la vida en una serie de etapas inconexas. A veces me pregunto si detrás de
esa hiperactividad -creo que la llaman pro actividad- del
mundo de hoy: adicción al trabajo, al gimnasio, al trabajo y al gimnasio… no se
encuentra el temor a pararse un rato a pensar en la propia existencia, a
descubrirse en un estado de dispersión.
ÉXITO
LAS FELICITACIONES de año nuevo abundan en deseos de éxito
para el 2004 que ya empezamos a gastar. La cosa está en qué entendemos por
éxito. Me llegó un mensaje al móvil con la definición atribuida a Emerson, el
poeta estadounidense, tan prolífico en frases lapidarias. Hay dudas sobre su
autoría, porque Stevenson y algunos otros escribieron antes poemas parecidos.
Según ellos, el éxito consiste en «reír mucho y a menudo, ganarse el respeto de
gente inteligente y el afecto de los niños, conseguir el aprecio de los
críticos honestos y soportar la traición de los falsos amigos, apreciar la
belleza, encontrar lo mejor en los demás, dejar el mundo un poco mejor, ya sea
con un niño, una huerta o una condición social redimida, saber que por lo menos
una vida ha respirado más fácilmente porque tú has vivido. Eso es tener
éxito».
La enumeración es desigual, pero apunta, sobre todo hacia su término, a una gran verdad: el éxito consiste en hacer el bien, en pensar en los demás. Y el resto -el respeto de los inteligentes o de los críticos honestos, el reír mucho y el cariño de los niños- son apenas consecuencias, entre las que destaca ese saber ver lo mejor de los otros. Mucho éxito para este año y para siempre.
La enumeración es desigual, pero apunta, sobre todo hacia su término, a una gran verdad: el éxito consiste en hacer el bien, en pensar en los demás. Y el resto -el respeto de los inteligentes o de los críticos honestos, el reír mucho y el cariño de los niños- son apenas consecuencias, entre las que destaca ese saber ver lo mejor de los otros. Mucho éxito para este año y para siempre.
"La Voz de Galicia" y "ARVO NET",
domingo, 04 de enero de 2004
El camino del éxito
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El comienzo del éxito es la parte más difícil de la vida.
Es una entrada imaginaria que entras en ella sin darte cuenta. Comienzas a
entrar a una nueva etapa de tu vida que jamás te había imaginado cómo sería.
Entras de una manera inesperada y con tan sólo tomar una decisión. Un nuevo
camino que comienzas a caminar, un camino que al principio se ve con una luz
pero sin darte cuenta se fue la luz. Llega el momento en el que te encuentras
a oscuras y no sabes qué hacer. Es en ese momento en el que muchos decidimos
volver y otros continuar. Es en ese momento en el que decides tu vida y tu
destino. Te darás cuenta cuán difícil es la vida y todos los obstáculos que
se te impondrán. Pero cuando llegas y ves que el camino se encuentra
totalmente oscuro, es ahí en el que debes continuar paso a paso sin mirar
atrás porque no verás la luz. Sólo seguirás dando pasos y el destino te
guiará. Te guiará a donde ya antes habías decidido llegar. Cuando estés en
ese instante no habrá nadie, absolutamente nadie que te vaya ayudar. Estarás
solo y abandonado. Es ahí cuando te sentirás solo y deprimido. Sentirás esa
soledad que nunca antes había sentido. Es en ese instante que te das cuentas
que estás solo y que aquellos que te apoyaban te dejaron. Sólo están esperando
a que tú llegues al final del camino, es ahí donde te van a recibir y te
tocará decidir quiénes serán los privilegiados… “El éxito está en ti y no en
los demás”. By: Shabriel J. Vázquez Ocasio
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